
Hoy traigo aquà un nuevo restaurante para mi y del que Soledad me habÃa hablado. Quizás no destaque precisamente por la gastronomÃa pero sà por ser uno de los sitios más curiosos y surrealistas que he visitado últimamente.
El restaurante se llama O fogar de Breogán, está en Santiso, una aldea cerca de Lalin, y lo curioso es el local, su decoración y encontrarte en el medio de Galicia a dos cocineros brasileños entre rodicios, churrasco de cerdo, chumichurri y queimadas.

Ocupa el interior de una palloza y otro local acristalado, lleno de largas mesas preparadas ya para recibir a cientos de comensales. Los viernes hacen actuaciones de cuentacuentos, y es habitual que hagan queimada, con todo su conjuro y espectáculo (no lo he visto, asi que tampoco os puedo comentar mucho).
Eso si, gastronómicamente no esperéis mucho, es un sitio de los que yo denomino “de tralla”, y no hay demasiada variedad pero se pueden hacer unas combinaciones un tanto extrañas, como tomar oreja de cerdo con un rodicio.
Un sitio peculiar.

Siguiendo con las ensaladas, como me estáis dando tantas ideas, yo sigo con el tema. ¿Como secáis los ingredientes? ¿Centrifugadora para todas las verduras de hoja? ¿Que tipo de centrifugadora? ¿Paño de cocina o papel absorbente para los tomates y demás? Buscando en internet he visto en 20minutos una técnica italiana que consiste en:
“poner las hojas lavadas sobre un trapo de cocina y enrollarlo. Se le da unos golpes, se mete en el frigorÃfico unos minutos y… voilá, lechuga fresca, limpia y, sobre todo, seca.“
A mi lo de darle golpes a la lechuga me da un poco de miedo…¿será necesario?
Que me decÃs, ¿alguna técnica especial para secar lechugas, hojas de espinacas, canónigos, brotes varios, y demás ingredientes?
Foto: cocineros.info

Ya que os veo emocionados con el tema de las ensaladas, una cuestión más, la de los alimentos crudos que utilizáis. Y me explico, las ensaladas son un plato estupendo porque las puedes hacer con casi todo lo que se te ocurra, pero hay alimentos que habitualmente se utilizan cocinados y que puestos en la ensalada, crudos, le dan un toque más interesante.
Por ejemplo, los champiñones, laminados y cruditos, no es que den mucho sabor, pero gana la ensalada en color que ni os cuento. O las espinacas, que como comentaba mi queridÃsima MarÃa, mi mentora en esto de la “crudeza de las ensaladas”:
- si tu compras un manojo de espinacas y las cueces, te quedan en nada y en 5 minutos una persona acaba con ellas, si las tomas crudas, ¿tu sabes cuantas ensaladas puedes hacer? y además no tienes que cocinarlas.
Incuestionable.
Hasta que MarÃa me invite a probar alguna de sus fantásticas ensaladas, sorprendedme por favor, ¿alguna idea más?

Microsiervos hablaba ayer de un curioso experimento que están realizando en Fast Food: Ads vs Reality. Estos chicos van a los restaurantes de comida rápida, piden uno de los platos que el local muestra fotografiado en su carta o publicidad, lo fotografÃan a su vez antes de comerlo (no tengo claro si finalmente se lo comen o no) y después comparan ambas fotografÃas. Realmente, digamos, se nota la diferencia….
Gracias Catuxa, por ponerte al dÃa en tu bloglines.
El otro dÃa en el trabajo salió este tema de conversación: ¿cual es el orden correcto para aliñar una ensalada?
Supuestamente y buceando por internet lo importante es empezar con la sal, después el vinagre y por último el aceite, que por su espesor lleva consigo a sus compañeros de viaje hasta el fondo de la ensaladera y además si echásemos el aceite primero cubrirÃa la ensalada impidiendo que la sal y el vinagre penetraran en el resto de los alimentos.
No digo que el orden no pueda mejorar una ensalada, pero donde haya un buen aceite y un vinagre de calidad…
Hoy es el dÃa del libro, y como estos parece que son tiempos duros para la cultura, en este dÃa, me uno a la protesta contra el pago del canon por el préstamo en las bibliotecas, porque:
“No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pedirÃa un pan; sino que pedirÃa medio pan y un libro. Y yo ataco aquà violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espÃritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.“
Federico GarcÃa Lorca. Fragmento del discurso pronunciado con motivo de la inauguración de la Biblioteca de Fuentevaqueros
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN LAS BIBLIOTECAS!
Hace ya tiempo que no pongo de manifiesto mis descubrimientos en la blogosfera culinaria, ahà van los último hallazgos:
De gastronomÃa:
De recetas:

Pues después de todo esto, lo que te queda son ganas de más…eso es lo que nos pasa a los adictos a los viajes, que cuanto más viajas más quieres seguir, y conocer, y ver, y probar, y catar y degustar y visitar, y….

Lo que si me ha quedado claro de este viaje, es que apenas si ha sido un esbozo de lo que este paÃs puede ofrecer. Mis visitas anteriores a Francia, exceptuando las parisinas, siempre habÃan sido un poco “de paso” (¿que serÃa del interrail sin los trenes franceses?), en esta ocasión, me he acercado un poco más, pero solo para descubrir lo poco que conozco.
Sin duda, volver a Burdeos es una asignatura pendiente, pero conocer la Dordogne a fondo, es algo que ya casi estoy preparando.
Además, soy consciente de que, gastronómicamente, no he ido más allá de los tópicos, la cocina francesa es famosa por su variedad, hay mucho que probar y degustar.

PodrÃa hablar aún más de este viaje, pero no es cuestión tampoco de aburrir ni de abusar de los lectores de este blog, solo una referencia a los quesos, a la variedad y exquisito sabor de muchos de ellos (otros, no tanto, que también probamos alguno bastante insÃpido). En el mercado de Sarlat, le compramos a un vasco francés un queso de cabra que él hacÃa y estaba tan sumamente sabroso, cremoso y al mismo tiempo de sabor tan intenso que no llegó a España, no nos pudimos resistir a comérnoslo durante el viaje (unos más que otros), y es que era una auténtico vicio, una pena no volver a encontrar al hombre.

En todo caso, este ha sido un viaje, como todos, que he disfrutado enormemente, tanto gastronómica (aún estoy saboreando aquel muslo de oca) como culturalmente y que espero que se repita pronto. Eso si, la próxima vez con una paradita bien programada en el PaÃs Vasco porque hay ahà una cena pendiente.
Para los que no les hayan llegado las fotos, hay más aquÃ.

Las calles y carreteras francesas están llenas de referencias gastronómicas, los carteles con alusiones culinarias son continuas, he aquà una pequeña muestra de ello.





La Bretaña fue la última etapa de este viaje,y la verdad he de confesar que me decepcionó un poco. Me esperaba un lugar muy parecido con Galicia (que lo es) pero más espectacular, y no me lo ha parecido y además es excesivamente turÃstico, un turismo masivo y demasiado montado todo.

Por supuesto, hay sitios increÃbles, los pueblos marineros bien cuidaditos son un encanto, y, hay dos lugares que me han fascinado: los alineamientos megalÃticos de Carnac (una vuelta más a la prehistoria más misteriosa) y el Mont St Michel, que puede que sea el sitio más turÃstico del mundo, pero es como Venecia, aunque lo hayas visto millones de veces en fotos, cuando lo ves en la realidad te quedas con la boca abierta (e ir tempranito evita las multitudes).

Gastronómicamente hablando para mi hay dos tipos de Bretaña, la de la cocina tradicional con sus mundialmente famosas crepes y galettes y la de la cocina de la costa, con sus ostras, sus mejillones, su marisco, sus sardinas y en ambas casos la omnipresente sidra para acompañar a todos estos platos.

Las creps suelen ser dulces, son como las que conocemos aquÃ, muy parecidas a las filloas gallegas, y las sirven con azúcar, mantequilla, chocolate o caramelo (una especie de toffe-dulce de leche que ya os podéis imaginar que es como una bomba).

Las galettes es otra variedad de crep hecha con harina de alforfón (trigo negro) que le da un aspecto más oscuro. Se suele servir como plato salado, el tÃpico es el que sirven con un relleno de jamón y queso y en el medio un huevo frito. La verdad es que están muy buenas, siempre acompañadas de una sidrina casera que te sirven en casi todas partes en una jarrita y unas tazas.

Por otro lado, como os comentaba está la comida de la costa, donde las ostras nuevamente vuelven a ser las estrellas (como veréis, no nos privamos de hacer un buen acopio de ostras), junto con los mejillones. Los mejillones, al igual que en la zona de Las Landas, las sirven de varias maneras (con alguna salsa, por supuesto), la más tÃpica son fritos y marinados, es decir, los cuecen al vapor pero con una fritura de cebolla y vino creo yo. Lo que más me ha sorprendido de los mejillones es el sabor. No se parecen en nada al sabor de los mejillones gallegos, es distinto pero igualmente bueno. Eso si, a lo que no le he visto atractivo ninguno es a que te los sirvan con patatas fritas.

Otro plato tÃpico que también me gustó fue la sopa de pescado, como no podÃa ser de otra manera, acompañado de mantequilla y queso, realmente deliciosa.

Además, en la zona de St Malo (sitio que por cierto, no me ha gustado nada, amén del espectacular enclave) es muy tÃpico ver en los cientos de restaurantes que hay comer otros mariscos: vieiras, cangrejos, bogavantes….y si penetras ya más en el Finisterrae y te alejas de los pueblos más turÃsticos puedes encontrarte con pequeños pueblos pesqueros dedicados en exclusiva a la pesca y las conservas, donde tomarte ademas de las tÃpicas ostras y mejillones, unas sardinitas en una terraza al sol con unas vistas al fin del mundo impresonantes.
