
Tengo el onlinefoodmuseum un poco olvidado, asi que en cuento esta mañana vi el post de La Majaluta, no he podido hacer otra cosa que traer a este fotógrafo al domingo de museos habitual. Se trata de Carl Warner, un artista que utiliza los alimentos para recrear escenas y paisajes en miniatura. Como dice Marcela, recuerda un poco, en otro orden de cosas, a los chicos de Minimian.
Sus recreaciones son todo detalles, te puedes quedar un buen rato mirando sus fotografÃas hasta que descubres que lo que parecÃa un rÃo, en realidad son lonchas de jamón, o que las piedras del camino no son más que granos de arroz, o un mar enfurecido hecho con hojas de lombarda.

No dejéis de verlas todas, porque cada una de estar miniaturas es una verdadera joya de la imaginación.

Aunque llego un poco tarde para hablar de los carnavales, no puedo dejar de hacer referencia a ellos, porque estos fueron para mi unos carnavales, sin disfraces, ni caretas, ni filloas, ni orejas, ni cacheira, perdida en la montaña leonesa que tanto me gusta, esta vez en el macizo montañoso de Mampodres.

El pueblo que veis en la foto, se llama Maraña, está en pleno macizo de Mampodres, en el lado más suroccidental de los Picos de Europa. Es una valle eminentemente ganadero, de aquà salen las famosas carnes del valle del Esla (aunque también crÃan de otras razas, como la Charolesa de la foto), porque es una zona muy rica en pastos, aunque, nos contaban, ahora apenas si quedan ya unas cuantas familias en el pueblo, todos se han ido, como pasa por desagracia, en otros muchos pueblos de la montaña…y sin ser de la montaña.

Esos dÃas, además de disfrutar de la montaña nevada, nos encontramos pequeños tesoros escondidos, dos han sido al menos los que me gustarÃa comentar:

El restaurante Los acebedos, en el pueblo de Acebedo, en la carretera que va de Riaño a Cangas de OnÃs. Es un pequeño restaurante familiar, tremendamente acogedor y caluroso, sorprendido por la aparición repentina y a destiempo de unos cuantos montañeros hambrientos, a los que rápidamente supieron saciar con esos potes leoneses, bárbaros para ahuyentar el frÃo. Un inimaginable guiso de pulpo con patatas funcionó como reconstituyende: pulpo cocido y cortado en pequeños trocitos mezclado en un guiso con abundante patata, toda una sorpresa.

Otro de los tesoros encontrados, fue descubrir que aún se puede ir a comprar a esas tiendas de pueblo que son medio casa, medio tienda a la vez, a las que cuando entras, te vas al salón de la casa a buscar al tendero, y que tanto te vende un jamón como un paquete de papel higiénico o unas bolas de naftalina. Todo un micromercado concentrado en poco mas espacio que el salón de tu casa pero que con esas consolas de época, esas marmoleras, esas pesas que cuelgan casi del lejano techo, te hacen trasladar en el tiempo. No hice fotos, aunque me arrepentà porque hubieran encajado a la perfección en uno de esos relatos a los que Manuel Allue nos tienen acostumbrados. La próxima vez lo haré.
