La señora Joaquina
«bajo el cielo azul, bajo el sol ardiente, bajo esa mirada, del señor del cielo…«
En la televisión no paraba de sonar ‘el delito‘ de Alicia Delgado, famosa cantante peruana que acababa de morir asesinada al más puro estilo follentín, ‘un asesinato por celos’, comentaban, entre canción y canción. Un drama nacional.
El silencio podría ser una señal de respeto hacia la muerta, o no, simplemente es que así era como se tomaba la chicha, entre amigos y en silencio. Fuera, a no muchos metros de allí, siglos de historia, la fortaleza de Ollataytambo que había sobrevivido al imperio de los incas, sobrevivía ahora a la invasión de los turistas, imperturbable, pétrea.
Pero en la chichería de la señora Joaquina, todo ese ajetreo era ajeno. Allí, entre figuras de winnie de poo, el maíz fermentaba tranquilamente en los cántaros, hasta convertirse en chicha, esa bebida de sabor ácido elixir de los incas, que la señora Joaquina, servía en grandes vasos, para refrescar a los que después de trabajar se juntaban, entre amigos y en silencio.
–instantáneas de un viaje a perú.
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