
Si visitais Francia, y vais a Nantes, podréis ver una interesante reconversión de una fábrica. Frente al Castillo de Nantes, está la fábrica de Galletas Lu (Lefèvre-Utile), que fue abierta en 1895, donde se fabricaban las famosas “petit beurre”, esas galletas de mantequilla tan deliciosas (y tan tÃpicas de la Bretaña, por otro lado, no las LU, las de mantequilla en general). En esa fábrica llegaron a tener una producción de 3 toneladas de galletas al dÃa, y el edificio se convirtió en uno de los más emblemáticos de Nantes.

Pues en el año 1998 esa mÃtica fábrica se convirtió en un café, un restaurante y en uno de los centros culturales más activos de Francia, manteniendo su nombre: LU, ahora pasó a significar le Lieu Unique (el Lugar Único).
¿Un buen ejemplo de reciclaje?

Pues después de todo esto, lo que te queda son ganas de más…eso es lo que nos pasa a los adictos a los viajes, que cuanto más viajas más quieres seguir, y conocer, y ver, y probar, y catar y degustar y visitar, y….

Lo que si me ha quedado claro de este viaje, es que apenas si ha sido un esbozo de lo que este paÃs puede ofrecer. Mis visitas anteriores a Francia, exceptuando las parisinas, siempre habÃan sido un poco “de paso” (¿que serÃa del interrail sin los trenes franceses?), en esta ocasión, me he acercado un poco más, pero solo para descubrir lo poco que conozco.
Sin duda, volver a Burdeos es una asignatura pendiente, pero conocer la Dordogne a fondo, es algo que ya casi estoy preparando.
Además, soy consciente de que, gastronómicamente, no he ido más allá de los tópicos, la cocina francesa es famosa por su variedad, hay mucho que probar y degustar.

PodrÃa hablar aún más de este viaje, pero no es cuestión tampoco de aburrir ni de abusar de los lectores de este blog, solo una referencia a los quesos, a la variedad y exquisito sabor de muchos de ellos (otros, no tanto, que también probamos alguno bastante insÃpido). En el mercado de Sarlat, le compramos a un vasco francés un queso de cabra que él hacÃa y estaba tan sumamente sabroso, cremoso y al mismo tiempo de sabor tan intenso que no llegó a España, no nos pudimos resistir a comérnoslo durante el viaje (unos más que otros), y es que era una auténtico vicio, una pena no volver a encontrar al hombre.

En todo caso, este ha sido un viaje, como todos, que he disfrutado enormemente, tanto gastronómica (aún estoy saboreando aquel muslo de oca) como culturalmente y que espero que se repita pronto. Eso si, la próxima vez con una paradita bien programada en el PaÃs Vasco porque hay ahà una cena pendiente.
Para los que no les hayan llegado las fotos, hay más aquÃ.

Las calles y carreteras francesas están llenas de referencias gastronómicas, los carteles con alusiones culinarias son continuas, he aquà una pequeña muestra de ello.





La Bretaña fue la última etapa de este viaje,y la verdad he de confesar que me decepcionó un poco. Me esperaba un lugar muy parecido con Galicia (que lo es) pero más espectacular, y no me lo ha parecido y además es excesivamente turÃstico, un turismo masivo y demasiado montado todo.

Por supuesto, hay sitios increÃbles, los pueblos marineros bien cuidaditos son un encanto, y, hay dos lugares que me han fascinado: los alineamientos megalÃticos de Carnac (una vuelta más a la prehistoria más misteriosa) y el Mont St Michel, que puede que sea el sitio más turÃstico del mundo, pero es como Venecia, aunque lo hayas visto millones de veces en fotos, cuando lo ves en la realidad te quedas con la boca abierta (e ir tempranito evita las multitudes).

Gastronómicamente hablando para mi hay dos tipos de Bretaña, la de la cocina tradicional con sus mundialmente famosas crepes y galettes y la de la cocina de la costa, con sus ostras, sus mejillones, su marisco, sus sardinas y en ambas casos la omnipresente sidra para acompañar a todos estos platos.

Las creps suelen ser dulces, son como las que conocemos aquÃ, muy parecidas a las filloas gallegas, y las sirven con azúcar, mantequilla, chocolate o caramelo (una especie de toffe-dulce de leche que ya os podéis imaginar que es como una bomba).

Las galettes es otra variedad de crep hecha con harina de alforfón (trigo negro) que le da un aspecto más oscuro. Se suele servir como plato salado, el tÃpico es el que sirven con un relleno de jamón y queso y en el medio un huevo frito. La verdad es que están muy buenas, siempre acompañadas de una sidrina casera que te sirven en casi todas partes en una jarrita y unas tazas.

Por otro lado, como os comentaba está la comida de la costa, donde las ostras nuevamente vuelven a ser las estrellas (como veréis, no nos privamos de hacer un buen acopio de ostras), junto con los mejillones. Los mejillones, al igual que en la zona de Las Landas, las sirven de varias maneras (con alguna salsa, por supuesto), la más tÃpica son fritos y marinados, es decir, los cuecen al vapor pero con una fritura de cebolla y vino creo yo. Lo que más me ha sorprendido de los mejillones es el sabor. No se parecen en nada al sabor de los mejillones gallegos, es distinto pero igualmente bueno. Eso si, a lo que no le he visto atractivo ninguno es a que te los sirvan con patatas fritas.

Otro plato tÃpico que también me gustó fue la sopa de pescado, como no podÃa ser de otra manera, acompañado de mantequilla y queso, realmente deliciosa.

Además, en la zona de St Malo (sitio que por cierto, no me ha gustado nada, amén del espectacular enclave) es muy tÃpico ver en los cientos de restaurantes que hay comer otros mariscos: vieiras, cangrejos, bogavantes….y si penetras ya más en el Finisterrae y te alejas de los pueblos más turÃsticos puedes encontrarte con pequeños pueblos pesqueros dedicados en exclusiva a la pesca y las conservas, donde tomarte ademas de las tÃpicas ostras y mejillones, unas sardinitas en una terraza al sol con unas vistas al fin del mundo impresonantes.


La Dordogne o el Perigord, es la zona que más me gustó de este viaje, entre otras cosas porque fue un viaje a la prehistoria. Los alrededores del pueblo de Les Eyzies están llenos de cuevas o restos arqueológicos, además del fabuloso museo de la prehistoria, que dan pistas de la vida hace 14.000 años.
Especialmente, me he quedado fascinada con la visita a Font de Gaume, poder ver los bisontes tal y como fueron pintados hace todos esos años y sobretodo, en la propia cueva, te permite recrear lo que tuvo que haber sido. Estas pinturas rupestres para mi han sido como visitar la capilla sixtina o los templos de luxor, es un viaje a través del tiempo. De verdad si tenéis oportunidad, reservad la visita a estas cuevas, poder entrar en ellas es un auténtico lujo.

Pero es que además la Dordogne, gastronómicamente hablando, es un lujo, y es la tierra del foie gras y de las trufas. Si vas por carretera entre cueva y cueva no es extraño ver granjas de ocas o de patos con puestos de venta.
Impresionante la zona rural francesa, la gente vive del campo porque le gusta, lo respeta y porque quiere vivir de ello, al menos esa es la sensación que se trasmite. Las granjas están tremendamente cuidadas, nada está al azar, la limpieza y el orden imperan. En definitiva, hay vida activa.


Las granjas de ocas y de patos son un ejemplo de ello, las hay por todas partes, y a su lado las tiendas que te venden directamente toda la gama de productos propios: foie gras de todos los tamaños, chicharrones, magret, confit, guisos, cassoulet (una especie de fabada que por cierto, no me emocionó nada), etc…todo un mundo alrededor del pato o de la oca.

Sarlat, es un pequeño pueblo rehabilitado en el medio de la Dordogne, un pueblo impecable y que hasta recuerda un poco a estos pueblos de brujas de hace un par de siglos, con ese toque misterioso que le dan las formas de los tejados, eso claro, si no te fijas en la masificación turÃstica.
En este pueblo fue donde tomamos la mejor cena de todo el viaje, a pesar de las primeras dudas al entrar por lo excesivamente turÃstico que aparentaba el local (Auberge de Mirandol, 7, rue des Consuls), resultó esconder joyas. 16€ por un menú con: medallón de foie gras de auténtico sabor concentrado, muslo de oca con una carne se deshacÃa en la boca (de lo mejor que he probado en mucho tiempo), unas natillas de postre y vino de Bergerac, realmente delicioso. No está mal, verdad?

Y al dÃa siguiente por la mañana bien temprano, mercado (se celebra todos los miércoles por la mañana), llegan a Sarlat los agricultores de los alrededores a vender mucho foie gras por supuesto (el pueblo está plagado de tiendas), pero también verduras de temporada (me dio pena no probar los espárragos blancos), quesos (ay…), panes, frutos secos y otro de los productos estrella, aceite de nuez.

Desde que he vuelto del viaje, no paro de aliñar las ensaladas (que se han convertido en habituales después de los excesos de la semana viajera) con este aceite. De sabor muy agradable, no parece aceite, sino un suave aroma que acompaña la ensalada.

Me ha quedado un poco de pena no estar más tiempo en la zona, para ver más cuevas y probar un poquito más de todo…osea, habrá que volver.

Si uno va a Burdeos, resulta obligatorio visitar alguna de las zonas de viñedos que le dan fama mundial. Tras leerme concienzudamente los post de Pisto sobre su viaje a Burdeos, puse el ojo en el Medoc e intenté reservar en alguno de los Chateaux más famosos: mi gozo en un pozo, de los 9 chateaux a los que escribÃ, en ni uno se podÃa visitar en esos dÃas: la semana santa, obras o un congreso para profesionales, lo cierto es que las puertas de las bodegas se cerraron a cal y canto a mis expectativas. Claro que una vez allÃ, te das cuenta que, será por bodegas!!! hay infinidad de ellas.
En la oficina de turismo de Pauillac (donde por cierto, puedes hacerte una biblioteca con la cantidad de folletos e información que tienen) te dan un plano y las referencias de las bodegas abiertas en ese dÃa. Asà que, lo intentamos nuevamente en una bodega de Pauillac que supuestamente ofrecÃa visitas, pero el hombre estaba solo y no podÃa enseñarnos la bodega…..más bien daba la impresión de que no le apetecÃa mucho hacer la tourné…en fin estaba claro que éste, no era un viaje para visitar bodegas.

En todo caso, independientemente de que visites las bodegas o no, lo que sà es cierto es que el viaje ya merece la pena sólo por ver ese paisaje de viñedos en el horizonte, un paisaje monótono y uniforme solo interrumpido por los impresionantes chateaux que te trasladan con facilidad a otro mundo. A destacar por supuesto, como en toda Francia, el orden, la limpieza y la organización que se respira, si hasta el color de las bodegas va a tono, sino fijaos en la foto superior del Chateau Lafite.

Para los amantes del vino, el Medoc tiene que ser algo asà como el paraÃso, no sólo por las bodegas, sino por las tiendas especializadas y con personal muy profesional que hay. Por recomendación del Manolo y Soledad, me acerqué a la Cave de Ulysse, en el pequeño pueblo de Margeaux donde me aconsejaron llevar un par de Sauternes Chateau de Rayne Vigneau cosecha de 2001 que probaré un dÃa de estos bien acompañada y con algún foie gras de los que he traÃdo.

Sin embargo, aunque la zona es famosa por sus viñedos, tiene otro tesoro que yo desconocÃa: el estuario de la Gironde. Este estuario es la desembocadura de los rÃos Garone y Dordogne y es una extensa lengua de agua con unas mareas que dejan al descubierto una gran masa de barro. Y es en este estuario donde hay esturiones. Si, anguilas y esturiones son pesca habitual.

El caviar no lo llegué a probar, pero sà el esturión, en uno de los restaurantes de Pauillac, en la ribera del estuario. Y he de confesar que no me gustó nada, apenas si tiene sabor, quizas el restaurante no fuera el mejor para probarlo o que al ser preparado con esa salsa (que manÃa de utilizar salsas para el pescado) matara un poco el sabor, pero lo cierto es que me pareció un poco plasticoso y no entusiasmó nada.


A Burdeos se llega sencillamente, como quien no quiere la cosa. Extensa, llana, elegante y de casas bajas, como a mi me gusta. Con un casco viejo urbanÃsticamente cuadriculado en torno a un cardo máximo que une las plazas principales, y en el centro, la catedral, a un lado el rÃo Garona y cerca la enigmática explanada de Quinconces.

Burdeos es una ciudad para vivir, donde la calidad de vida se ve en muchas esquinas. Por supuesto, Burdeos es la capital del vino, es una ciudad que vive de la comercialización del vino, y eso se nota, entre otras cosas por el número de tiendas de vino que hay, tiendas especializadas donde puedes encontrar de todo, como L’Intendant. Una pena que coincidiera en domingo, la próxima vez y con más conocimientos.

Sin embargo, me llamo especialmente la atención un par de detalles, hay pequeñas tiendas por todas partes, resulta agradable encontrar estas tiendas de barrio en cada manzana donde la variedad de frutas y verduras dan color a las calles.

Otro detalle, es la mezcla de razas, puedes encontrar auténticos barrios árabes o africanos que te hacen preguntar donde te hayas realmente, con olores que te invitan a probar otros sabores un poco más lejanos.

Solo me ha quedado una pena….no haber podido cenar en La Tupina, ese restaurante que tanta envidia me habÃan dado Soledad y Manolo, un lunes y todo lleno, algo debe de tener ese sitio, aysss voy a tener que volver a Burdeos…

Las Landas, esa extensión inmensa de pinares que va desde Bayona hasta casi Burdeos, es también una lÃnea infinita de arena que separa el mar de la tierra. La duna de Pyle, de 114 metros sobre el nivel del mar, es una alta montaña de arena desde donde ver toda la costa, y al fondo Arcachon.

Arcachon es un pueblo costero turÃstico, no especialmente atractivo desde mi punto de vista, pero donde se pueden comer igual que en toda la costa atlántica unas ostras deliciosas. Las ostras están fresquÃsimas, en cualquier restaurante del paseo puedes tomar media docena de ostras frescas por unos 6€.
A veces las sirven con una vinagreta con chalotas picadas, aunque yo las prefiero simplemente con unas gotas de limón.


La zona está llena de criaderos de ostras, realmente resulta el alimento estrella de la zona, junto con los mejillones. En los pueblos de la zona, como el de Gujan Mestras, de donde son estas fotos, hay cientos de criaderos.
Según cuenta la lonely planet, una vez que las ostras se reproducen, se proporciona a las huevas una superficie limpia a la que adherirse. Cuando tienen 8 meses son trasferidas a redes de plástico y colocadas en criaderos especiales. 10 meses más tarde se hace un segundo traslado a criaderos con más agua. Y a los 3 o 4 años es cuando se comercializa.

Pero antes de llegar a Las Landas, hubo una paradita obligada en Bayona, me encanta esta ciudad, donde por cierto, en semana santa celebran la feria del jamón. Al final, no pudimos ir, pero no estará mal volver en otra ocasión para probar ese jamón. En todo caso, lo que sà probamos fueron los quesos, ay madre, ya os hablaré más a delante de ellos.


Ilustración del museo de Julio Verne
Los viajes siempre resultan fascinantes, por muy lejos o cerca que vayas, por muy extraña o similar que sea lo que te encuentres y por mucho o poco tiempo que tengas, el mismo hecho de viajar siempre resulta una aventura.
Francia me ha sorprendido, me ha encandilado, ha acabado con tópicos que tenÃa pero también me ha generado nuevos mitos.
Estas son mis impresiones de viaje.

Viajar por Francia, sinceramente, es una gozada, todo está perfectamente indicado (es decir, siguiendo las indicaciones llegas al destino), la red de carreteras es impresionante, se respetan las señalizaciones, la gama de hoteles que tienen se ajusta a cualquier presupuesto (vivan los Formula 1 y los Etap), todo está limpio y ordenado y sobretodo, por aquello que pagas recibes un buen servicio como contra prestación.
Y eso me llama especialmente la atención, y me resulta inevitable comparar, pero es que hoy por hoy pagamos lo mismo en España y sin embargo, no recibimos el mismo servicio. Ciertamente, en este paÃs el euro le ha venido de maravilla a más de uno (vamos, que nos timan).

10 dÃas no es mucho tiempo, aun asà el viaje ha dado para mucho: Las Landas, Burdeos, el Medoc (aunque no hubo visita a los chateaux), la Dordogne y la Bretaña. Quizás demasiado para tan poco tiempo, pero me he quedado fascinada y con ganas de volver, para ver más a fondo, Burdeos como ciudad y la Dordogne como zona.
Por otro lado, y al margen del tema culinario, este ha sido un viaje hacia la prehistoria, las cuevas de arte rupestre de Font de Gaume o Combarelles y los alineamientos megalÃticos de Carnac me han resultado increÃblemente hipnóticos, os los recomiendo.

La comida, mmmmmm, que puedo decir, simplemente deliciosa. Eso si, para mi gusto abusan un poco de las salsas y los platos demasiado elaborados, quizás sea porque a mi me gustan los platos más sencillos que cada alimento sepa a lo que es, en todo caso, la variedad de la cocina francesa es tan amplia que acabas probando de todo.
Algo que me encanta de los restaurantes franceses es que en todos tienes al menos 3 menús diferentes con precios que varian entre los 10 y los 25€, siempre hay donde elegir ajustándose al presupuesto que uno tenga.

Y con ese panorama, no ha faltado de nada, ya os iré contando en los próximos post: ostras, mejillones, vino, esturión, pato, oca, foie gras, sidrina, crepes dulces y saladas, quesos, pasteles, el pan….que bueno está el pan en Francia por diossss!!!


Me han quedado de este viaje muchas cosas pendientes, tengo un montón de fotos que no sé ni cómo ordenar, un millar de impresiones que asimilar, y un ciento de sensaciones gastronómicas y no tan gastronómicas que comentar, asi que preparad vuestras lecturas, que allá voy.

Ya sé que estos últimos dÃas he estado un poco ausente del blog, pero el escaso tiempo de ocio que tengo lo he dedicado ha preparar un nuevo viaje, una nueva aventura gastronómica…esta vez, rumbo al norte, destino Francia!! Ya se me hace la boca agua solo de pensarlo. A la vuelta ya os contaré, promete ser un buen viaje gastronómico para todos los gustos.
Foto: wikipedia