Para mÃ, en cualquier paÃs, la calle representa el mejor espectáculo viviente y en los paÃses árabes en particular, los zocos son la máxima expresión de ese espectáculo:

Y la zona dedicada a las especias para mi es la obra maestra. Este es mi último post del viaje a Siria, me gustarÃa dedicarlo pues, a los vendedores de especias.
El ver como se amontona la pimienta, al lado del comino y frente al cardamomo, todo bien alineado, en las mismas cajas elegantes, con ese acabado piramidal que se reproduce una y otra vez, me parece fascinante.
Entrar en una de estas tiendas es sumergirte en un torrente de imaginación, pensando ya en los futuros sabores. Los comerciantes las tratan con especial mimo. Puedes pedir una mezcla de especias para un plato concreto que te lo hacen al momento, paseando por su minúscula tienda. Compré zaatar en una de estas tiendas, y al mismo tiempo que me iban echando la mezcla en la bolsa, iban añadiendo un poco de coco de aquÃ, unas semillas de sésamo de allá y una pizca pimienta de más allá, para enriquecer su sabor y consistencia.
Son miles de años comerciando con especias, por algo Alepo o Damasco forman parte de la antigua ruta de las especias. Me hubiese gustado llevarme de todo, saber árabe para que me explicaran el uso de cada una, y que el tiempo se detuviera en alguna de estas pequeñas tiendas.
Os cuento todo esto, de una forma un tanto romántica, quizás influida por la infusión de karkadé (flor de hibisco) que me acompaña esta tarde, traÃda del bullicioso zoco de Alepo.
Como os he comentado en otro post, este no ha sido un viaje excesivamente gastronómico, al menos como a mi me hubiese gustado, el ritmo del viaje, el ramadán y una inoportuna indigestión me lo impidieron. No obstante, algún sabor nuevo se descubrió.
Lo habitual en cualquier comida, es comenzar con unos mezze, entrantes a compartir con el tradicional pan pita, no faltó nunca el hummus (paté de garbanzos), el baba ghanush (paté de berenjena asada, delicioso), encurtidos, una especie de harissa o crema de pimientos y una buena cantidad de ensaladas variadas.
Me ha llamado especialmente la atención la omnipresencia de las berenjenas, casi cada dÃa podÃas comerlas de una forma diferente: en patés, guisadas, con las carnes…
El plato principal, cordero. Uno de los platos que probé que me gustó fue el mansaf, que es un plato tradicional beduino: cordero cocinado en salsa de yogur y servido sobre una base de arroz, cuscús, almendras y guisantes.

Me gustó también mucho, una especie de filete ruso hecho de carne de cordero picada, pero asada bajo una capa de tomates y pimientos asados, muy bueno.
Me han quedado por probar un montón de platos (sé que es una vergüenza, pero no probé el tabulé!!), pero espero volver algún dÃa y pararme a degustar todos los platos y sabores que me quedan por descubrir.
Siguiendo con el paseo por las callejuelas de Damasco o Alepo, siempre te puedes para a tomar unos zumos naturales, los más habituales son los de moras, tamarindo

o granada, mi preferido.

Baklawa, konafa, maamul, mabruma… si hay algo que caracteriza la gastronomÃa siria, eso son sus pastelillos. En cualquier calle te puedes encontrar estos dulces, decorando los escaparates de muchas tiendas.
Se elaboran en bandejas enormes, de una sola pieza que luego se cortan en pequeños trozos. Son hojaldres bañados en almÃbar y siempre rellenos de algún fruto seco, como es habitual, el pistacho no falta, dando no solo sabor sino color a estos pasteles.
Como os podréis imaginar son especialmente dulces, la mezcla de almÃbar y frutos secos los hace deliciosos pero también potentes (te tomas un par de ellos y ya quedas saturado). Desde luego, no aptos para los poco golosos.
Para los que se empalagan pronto, existen alternativas, como las galletas de San Simeón, bañadas en semillas de sésamo.
Sin embargo, lo bueno, no es solo su sabor sino su formato. Estos pasteles son creados con formas tan diferentes, circulares, triangulares, rollos cortados, que solo su visión es ya un espectáculo y sino ved esta foto:
En todo caso, si las tiendas están cerradas, no es difÃcil encontrar en cualquier puesto callejero unos buenos pasteles para ir comiendo mientras se sigue paseando…
Si queréis martirizaros viendo más fotos de pastelillos, pinchad aquÃ.
Si hay algo que se vende por todas partes en Siria, eso son los frutos secos, especialmente los pistachos. En cada esquina de cada ciudad o pueblo te puedes encontrar un puesto ambulante donde te venden unos pistachos o unas almendras o unos anacardos y cada uno de ellos en las más increÃbles de las variedades: salados, verdes, laminados…
AsÃ, no puedo dejar de mencionar a esta simpatiquÃsima vendedora a la vera de las ruinas de Apamea (si os fijáis en la foto en la esquina superior derecha podéis ver las columnas del cardo máximo)
Los que más me han gustado han sido los pistachos salados, cuya cáscara está bañada en un aceite o en algo que no sé identificar pero que le da un cierto sabor amargo que mezclado con la sal y el pistacho hace que sea realmente aditivo. También me han gustado mucho, las almendras en su cáscara salada…como si fueran pipas!! o los pistachos verdes.

Si hubo un sitio en Damasco que me encantó fue la heladerÃa Bakdash repleta hasta los topes de damascenos (eso si, a partir de las 8, que están en el ramadán) tomando esos helados de nata y pistachos.
Esta heladerÃa está en pleno Souq al-Hamidiyya, que es el gran mercado cubierto de la ciudad. Lo mejor del local es que tu mismo puedes ver como se hace: con sahlab, que es una especie de polvo de sémola y, creo yo, con una buena cantidad de nata, la meten en unos bols que remueven con unos morteros gigantes de madera. El resultado es una masa espesa y pegajosa pero que está realmente deliciosa.
En el local tienes mesas corridas en las que uno se sienta acompañado de otros, y el camarero va pasando y te sirve el helado espolvoreado de láminas de pistachos (ese es el tradicional, aunque tienen más variedades). Otra opción es ir comiéndotelo en cucurucho por la calle.
En todo caso, todo el mundo hace una parada allà para probar esta delicia y a 25 libras!!!! (unos 40 céntimos de €)
Ya estoy aquà otra vez, acabo de regresar de Siria, disculpad la ausencia de post desde allÃ, pero lo de los cibers estuvo complicado, asà que será ahora al regreso cuando os cuente mis impresiones. No se puede decir que este viaje haya sido excesivamente gastronómico, ha sido un viaje más histórico y arqueológico, que era lo que me apetecÃa, pero, evidentemente tengo cosas que contaros… lo iré haciendo en estos dÃas, a medida que ordene los cientos de fotos que he hecho.
Solo hay una cosa que me gustarÃa comentaros, y es el animaros a visitar este paÃs maravilloso. Si hubo algo que me dio muchÃsima tristeza fue recorrer este paÃs prácticamente en solitario, lo cual para mi ha sido un privilegio, pero no una alegrÃa, porque el turismo es un eje fundamental de cualquier economÃa. Mucha gente tiene miedo de ir a Siria, por la inestabilidad de la zona, pero también por mucho desconocimiento, o mucha mala información que nos hacen creer (después de todo forma parte del “eje del mal” no?).
Siria es uno de los paÃses más seguros en los que he estado en mi vida. Además, si alguna vez habéis estado en un paÃs árabe sabéis que es muy frecuente que te acosen para comprar, siempre tienes gente a tu alrededor que te quiere vender algo, en Siria esto no pasa, puedes pasear tranquilamente por los zocos sin sentir esa “presión”. Desde luego, lo que yo he visto, ha sido un paÃs moderno, tremendamente seguro, fácil de visitar, con gente realmente amable, hospitalaria y alegre y con auténticas joyas escondidas que no desmerecen a cualquier otro paÃs de los turÃsticos.
Hay que verlo para creerlo, si tenéis oportunidad no dejéis de visitar Siria.

Allá me voy….unas mini vacaciones a Siria: el olor de los zocos, el sabor de los pastelillos de pistacho, los mercados de especias…ummm, ya lo estoy saboreando.
El próximo post desde Damasco. Os mantendré al tanto!!
Foto: Tuareg viajes